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viernes, 25 de marzo de 2011

Cuando tienes un mal día.

El otro día tuve un mal día. No es que me pasara nada importante, pero fue el típico día en el que llueve, el transporte va mal, llegas tarde al trabajo, vuelves tarde a casa, y la típica teleoperadora no te deja dormir la siesta. Cuando una tiene un día de esos suele tender a la pereza, a quedarse calentita en casa y pasar de todo, y en esos momentos la cosmética resulta más una tarea pesada que un placer. ¡¡PUES NO!! En uno de esos días, la cosmética nos puede ayudar a levantarnos el ánimo y relajarnos para acabar el día de otra forma.
Ese día que estaba de mal humor, me di una buena ducha, y me hice un tratamiento especial. No hay que olvidarse de lo básico, si te das una hidratante o una anti celulítica todos los días, debes hacerlo, o un limpiador para la cara, lo que sea. También es importante que te desmaquilles bien para que no queden impurezas en tu rostro. Para empezar con tu tratamiento especial, tienes que echarte un vistazo y ver lo que necesitas: Si tienes la piel apagada, congestionada, estás deshidratada o necesitas relajarte. Así podrás utilizar los productos que mejor te vengan y al final te verás guapa y reluciente, y te sentirás mucho mejor.
Lo que yo hice el otro día fue aplicarme una mascarilla purificante de 3 minutos antes de la ducha. Es de Yves Rocher y te deja la piel muy limpia, además que como es de limón, resulta muy fresca. Después, ya en la ducha, me exfolié bien todo el cuerpo y al salir, usé la crema hidratante de “los días especiales”, esa que huele tan bien y que todas tenemos por ahí escondida. Luego usé una loción facial perfeccionadora y con efecto relajante (un producto nuevo, también de Yves Rocher) que te deja la piel fresca y con una sensación de limpio duradera. Si queréis un último toque, y no habéis usado productos con fragancias fuertes, yo suelo echarme un poco de colonia Nenuco, me repito, pero es fresca y a mí me huele a limpio, cosa que creo que es muy importante para sentirse bien. Además aproveché para arreglarme las uñas y pintármelas de un color nuevo que acababa de comprar.
Cuando hice todo esto, se me pasó el mal día, me sentí relajada y guapa, y ¡qué deciros de las ganas que tenía de estrenar mi pintauñas nuevo!  Mi consejo es que, si podéis, intentéis remediar uno de esos días tontos, con un buen tratamiento extra en casa.